miércoles, 6 de enero de 2010

Y el ODIO continúa!!!

Un buen amigo músico, joven de 17 años, a quien Naturaleza carpichosa privó del brazo diestro y no obstante otorgó el artificio apolíneo -pues ejecuta el piano con dulzura y maestría- fue horriblemente agredido por los gendarmes salvajes que custodian uno de esos tantos montones de piedra, vidrio y estupidez humana, a los que mis compatriotas llaman "vida".
El hecho ocurrió el último día del año pasado. Anoche, me escribía con mi joven amigo:
Isma:
Mae, no te conté algo...
Arhzus:
Claro... ¿qué pasó?
Isma:
Mae, es muy feo... no sé si te hablar de eso...
Arzhus:
Rompamos el pacto por hoy... ¡hablemos de cosas feas, jeje!!
Isma:
Tenés tiempo?
Arhzus:
Sí.
Isma:
Andaba con Jey, el 31 de diciembre y llegamos en la tarde al Mall ??? ?????. Siempre llegamos tranquilos de la mano o abrazados, andamos por ahí, nunca nos dicen nada. Ese día llegamos, comimos y nos fuimos a dar vueltas. Salimos del Mall y, como a la media hora, volvimos a entrar y nos fuimos a sentar frente a Payless, Vértigo y ????????. Llevábamos sentados ahí un rato, estábamos abrazados, vacilando y, entonces, me dijo Jey que había un guarda viéndonos desde arriba. Luego, llegaron otros, se nos pusieron atrás y uno al frente, del otro lado. No les dimos importancia, pero ya, pasado el tiempo, nos empezamos a sentir incómodos y nos fuimos a dar otra vuelta. Los maes andaban detrás de nosotros. Subimos al tercer piso. Un guarda, igual, detrás de nosotros. Íbamos a ir también al balcón para ver si nos seguían y sí nos siguieron, a todas partes. Luego, bajamos y nos sentamos en el mismo lugar, nos pusimos a ver qué era el asunto contra nosotros, nos levantamos nos fuimos a la banca del frente para ver qué hacían los guardas. Otra vez… detrás de nosotros, como si nos hubiéramos robado algo y vimos que esa gente de ???????? estaba hablando con uno de los guardas y volviéndonos a ver constantemente. Ya nos sentíamos acosados de verdad. Nos fuimos a dar otro paseo. Entonces, pedimos el número de la Administración en Vértigo y, después, pedimos otro en una tienda del tercer piso. Nos dieron números diferentes. Bajamos y empezamos a caminar y, cuando vimos a uno de los guardas (era como quinta o sexta vez), le preguntamos que por qué la perseguidera y el tipo, de una vez, me alzó la voz y me dijo que “por lo que están haciendo”. Le pregunté “¿qué estamos haciendo?” y nos dijo “por estar abrazados y dándose besos” y no recuerdo qué más. Agregó que ya varia gente se había quejado, nos dijeron que nos calmáramos o nos sacaban. No pudimos quedarnos callados: les anunciamos que aquello era discriminación y ahí empezó, se puede decir, el pelito. Nos dijeron que ya nos iban a sacar y les dije que sí, que tranquilos, que ya nos íbamos, pero el tipo me dijo que no, que “ya”… y me empujó. Yo me le resistí y siguió dándome empujones. En eso, logramos "hablar" con los otros dos guardas que estaban ahí –porque este primero andaba como loco de cólera. Los otros nos dijeron exactamente lo mismo, aunque más calmados. Entonces, le pregunte a uno que qué pasaba, que si nos soltábamos, podríamos seguir allí. Él me dijo que no, que tenían la orden de sacarnos del lugar. Yo le pregunté entonces que si íbamos a poder volver por allí. El guarda me respondió que sólo si llegábamos como dos personas normales, que así serían “otros 100 pesos”, o algo así. Creo que Jey les había mencionado algo también: que si se trataba de dos mujeres, amigas que andan de la mano no les decían nada o que si fuera una pareja heterosexual, no les decían nada y nos respondieron que “no, nada que ver, que a ellos también les decían que no podían estar así”. Finalmente, nos fuimos, la verdad, indignados, yo demasiado frustrado de no poder hacer nada en el momento. Jey y yo no pudimos hablar por horas. Fue demasiado humillante y doloroso.
[Fin de la conversación]
Sí, amigos. También lloré esta vez. Como el día que ordas pálidas se juntaron contra los inocentes de mi tierra, como el día que mataron en Honduras a un valiente hermano, como cuando sabe uno que en los desiertos dan muerte a quienes se aman o aniquilan su vida de cualquier manera, en el resto del mundo. Lloré también entonces.

Isma:
Tranqui mae... dejá que el acorde más terrible y glorioso de la 7º Sinfonía de Beethoven desplome con sus trompas de luz esos muros, como elefantes sagrados. Dormí con los elefantes, para que te cuiden.

Y dejá que los viejos otra vez ensillemos las bestias y apretemos fuerte los arneses.

8 comentarios:

Asterión dijo...

Qué terrible cuando pareciera que solo el llanto queda. Lo sucedido indigna, y lo trágico es que pasa todos los días.

Pero por otro lado, podés saber que siempre hay gente cerca que navega a su lado.

Un abrazo

Anónimo dijo...

Los derechos de la vida homosexual son la última (o siguiente?) frontera de los derechos humanos. Suerte y fuerza. Ignacio Alfaro.-

Anónimo dijo...

Malnacidos... aunque eliminen este comentario, debo decirlo. Y cómo le van a hacer eso a este mae, q es compa mío, q es una teja, q x Dios, sólo pensarlo ocurre una alquimia interna y las bilis se tornan en cianuro, y se desparraman por todas partes. Pero es q esa vara no se queda así, no se queda así, calda yo, como dice mi mamá. Tambores de guerra suenan, y ahí voy listo, a pelear y morir si es necesario. Sí, compita, soy yo Andrés, gracias x avisarme lo q le pasó. Paso el correo a todo mundo.

Óscar Fernández dijo...

¡Qué indignación más grande siento! No se puede permitir esto ya. Tanto grupos de defensa de derechos humanos como el colectivo LGBT tenemos que entender que si nosotros no defendemos nuestros legítimos derechos nadie lo hará, que si queremos erradicar la homofobia tenemos que promover la visibilidad. Un abrazo a la distancia a esta pobre pareja, y aunque no los conozca sepan que cuentan con mi total apoyo en su defensa.

Anónimo dijo...

Es terrible: leí en una entrevista hecha en El Florense de enero lo que dice el obismpo retirado monseñor Barquero. Qué viejo ese más homofóbico. Ellos son los culpables de toda esta persecución contra los gays, por esa doble moral que pregonan, mientras los curas y las mongas se cogen entre ellos dentro del clóset.

Son sadicazos de antología!

Putos, putos todos en cuenta la mayor parte de los Papas y cardenales: manada de gays acomplejados en su clóset.

"Nepente"

Luis Antonio Bedoya dijo...

Asterión,
No solamente sé que esa gente existe y está próxima, sino que soy deudor de sus actos de grandeza. Gracias, Gustavo.

Ignacio,
Gracias por estas palabras de aliento. Y gracias por visitar esta casa.

Andrés,
Decía Zorrilla en Don Juan...
"Y de estas cosas veréis
si en esta casa os quedáis
lo menos seis por semana"
Contrastalo, por fa, con
"Que linda es mi Costa Ricaaaaa!!!"
Sabés por qué agredieron a Isma? Por ser valiente. Hay pocos como él y por eso deben ser reconocidos. Gracias por tu comentario y tu apasionado carácter.

Oscar,
Es terrible mirar el mundo, pero lo más doloroso es saber que nosotros somos parte constitutiva de él. Hay valientes como Ismael que pelean para dejar algo de sí en ese mundo destruido. Son las semillas de las cosas bellas. Gracias por pasar, Oscar.

Nepente,
Le has dado al clavo. Es, en efecto, la oscura influencia de la Iglesia -y en especial, la Católica- la directa responsable de esta hola de odio contra los seres humanos. No es noticia, en favor de ese poder tenebroso se han labrado las peores fechorías contra el género humano. Durante casi 2000 años, nos hicieron creer que las mujeres eran máquinas de parir, bestias de carga o receptáculos de la culpa. Pero la iglesia aún no ha cejado en difundir la idea de que las personas homófilas son monstruos pervertidos o criaturas enfermas, todos condenados irredimiblemente al fuego de infierno. Las mamás sufren pensando en semejante destino para su hijo, sabés? Esa es la iglesia del Cristo.

Alexánder Obando dijo...

El primer día no comenté porque me deprimió... pero ya estoy de vuelta y felicidades a ese joven valiente que simplemente quiso hacer uso de su derecho.

Luis Antonio Bedoya dijo...

Alexánder,

Gracias por tu voto de apoyo a esta causa, casi ganada. Le decía yo a Ismael, parafraseando a ese viejo y astuto profesor de derecho:
"Los derechos no se piden, se arrebatan".