lunes, 8 de marzo de 2010

El amor culpable

Decía Saulo de Tarso:

“¡Hermanos! Aspiren a los dones
de Dios más excelentes.
He de mostrarles el mejor
de todos los caminos:
Aunque hablara las lenguas
de los hombres y de los ángeles,
si no tengo amor, no soy más que bronce
que resuena o platillos que aturden.
Aunque tuviera el don de profecía,
penetrara todos los misterios,
poseyera toda la ciencia y mi fe
fuera tan grande como para trocar las montañas,
si no tengo amor, nada soy.
Aunque repartiera en limosnas
todos mis bienes y aunque me dejara quemar vivo,
si no tengo amor, de nada me sirve.
El amor es comprensivo, el amor es servicial
y no tiene envidia; el amor no es presumido
ni se envanece; no es mal educado ni egoísta;
no se irrita ni guarda rencor; no se alegra con la injusticia,
sino que goza con la verdad. Eternamente perdona,
cree sin eternamente, espera eternamente, soporta eternamente.
El amor no pasará jamás.”

¡Qué inspirado! Existe, no obstante, un pequeño, pequeño detalle aquí: no se trata de la palabra latina ‘amor’ la que aparece en el original. Es ‘caritas’. Esta resemantización juedeocristiana no es casual. Y, en otro sentido, es harto necesario para el sostenimiento de una fe basada en el dolor y el sufrimiento, divino bálsamo para lavar nuestras imperfecciones, ante un tema tan delicado como el amor. El amor se entiende como un estado del alma donde hay plenitud. Plenitud que el ser humano de todos los tiempos ha entendido como alegría, tranquilidad, solaz, placer. Difícil equiparar a estas condiciones óptimas del ser, el dolor y la miseria. Pues esa ha sido la gran empresa del judeocristianismo: instaurar el dolor, vestido de amor. La gente herida es más fácil de domeñar que los sanos y vigorosos.
Nacidos en el seno del cristianismo; más aún: criados en una sociedad confesional, no tenemos más salida que sentir en nuestro flaco cuerpo todas las experiencias del discurso juedocristiano. La más cruel de todas es su sentido del amor.
El amor judeocristiano debe ser, por fuerza, doloroso. Debe causar dolor para que purgue su origen profano, hedonista, en una palabra, demoníaco. Sólo así nos dejamos sentir amor los cristianos.
Amamos en medio de las inclemencias. Buscamos exactamente a la persona que nos hará sufrir y elevamos para ella el altar construido de nuestro amor más dulce. Labramos un ídolo con la pobre carne del mortal que amamos y lo colocamos encima de nuestras cabezas.
Se ama en la margen, en la obscuridad, en el silencio, en la noche tenebrosa, bajo la máscara del pecado. Amamos a quien no merece, a quien no se conmueve, a quien ama a otro, sólo para enconar más la herida de nuestra maldita herencia de Eva.
Cuando un alma tierna viene a nosotros en busca del cobijo de nuestra égida, airados y con una cruel sonrisa de desprecio, doblamos el desdén que afectaríamos por una criatura monstruosa, con tal de estrujar aquel corazón que con sutilezas y titubeos se ha acercado a nuestro terrible amor.
Cuando al fin, en medio de las tribulaciones, nos vinculamos a otra pobre criatura, tan débil y cicatrizada como nosotros, no pasa un día en que ambos amantes se arrojen las flechas más tóxicas y los más ponzoñosos estiletes. Hasta consumir toda alegría, todo solaz, toda gracia. Este amor nuevo es un rostro acardenalado y lleno de horrendos escupitajos, clavado en el árbol de la vergüenza y coronado de ignominias. Ya lo decía Wilde:

“Yet each man kills the thing he loves
by each let this be heard,
some do it with a bitter look,
some with a flattering word,
the coward does it with a kiss,
the brave man with a sword!”

Dejado en inglés para evitar cualquier ambigüedad. Y sí, por cierto, si vamos a creer en la literatura, éste último lo dice mejor.

11 comentarios:

Asterión dijo...

Hermosa reflexión sobre el amor. Ahora bien, pregunto: ¿el amor-dolor es una conditio sine qua non del amor en su versión judeocristiana, o es posible pensar dentro de dicha tradición en un amor pleno, de gozo, hedonista?

Saludos

juan carlos olivas dijo...

Hola amigo! Me hiciste recordar el famoso dilema de los erizos que para no morir de frío buscan o otro erizo al cual juntarse y en ese mismo acto de supervivencia se hieren casi hasta la muerte.

FRANK RUFFINO dijo...

Amigo Luis Antonio:

Claro que sin amor no somos nosotros mismos. No me imagino a un león hambriento enamorándose de una gacela o impala mientras la corretea por las llanuras de caza.

El amor nos hace humanos, que va más allá del simple instinto de sobreprotección animal con sus crías. Sin este sentimiento excelso y misterioso no somos ni animales ni humanos, solo una suerte de fría máquina de hacer daño sin sentido: maldad pura.

Abrazos fraternos en Amistad y Poesía verdaderas,

Frank.

Luis Antonio Bedoya dijo...

Asterión,

Amigo mío, de corazón y con sumo dolor, pienso que no. Siempre habrá algo que nos duela, por más que intentemos infructuosamente llevarnos más allá de Cristo y su cruz: algo de ese sufrimiento nos será ineluctable. El amor es irremisible a los ojos de la salvación.

Juan Carlos,

Los erizos mueren por la soledad, nosotros morimos en la soledad. Ellos tienen razón.

Franck,

El amor es un misterio más grande que la muerte. O. Wilde

Alexánder Obando dijo...

Luis:

Bella reflexión que retorna al principio simbólico del cristianismo: no puede ser indolora una forma de amor cuyo objeto icónico por antonomasia es un instrumento de tortura.

Así, el cristianismo, bueno o malo, siempre dolerá.

FRANK RUFFINO dijo...

Amigos Luis Antonio y Alexánder:

Más me duele a mí que los malditos religiosos no practiquen ni un ápice de las enseñanzas de Jesucristo, de hecho el mundo está sin amor cristiano porque han tomado a ese hombre y su crucifixión como un gran e inextinguible negocio, y todas las minas de oro o diamante se defienden a muerte como es el caso de esta religión que ha dejado más sangre que otra cosa y tiene reducidos, espiritualmente hablando, a millones sobre la faz de la tierra. Pero las consecuencias van más allá de lo espiritual: la población femenina no tiene mucha parte y arte en esta patriarcal religión (por eso la diferencia abismal de género y las matanzas de mujeres y niñas alrededor del mundo, cada segundo: una matanza); en otros países asiáticos, por ejemplo, a diario los musulmanes hacen escabechinas de cristianos. He comprendido desde muy joven que en la religión es donde menos espiritualidad existe: no es lindo ser oveja-zombi con el horizonte programado para ver nada más lo que a estos malditos les interesa que vean las masas. Una religión principiando con la tortura y muerte de su “dios” tendrá sangre hasta su final. No veo amor en nada de esto: solo violencia e insensatez.

Abrazos fraternos en Amistad y Poesía verdaderas,

Frank.

Anónimo dijo...

Voy a demandar al escritor Luis A. Bedoya ante la Sociedad protectora de vampiros. Sufro de vampirismo crónico. Esas fotos así me crean un brote terrible, una ansiedad por ir al cuello de alguna vieja rica y pegarle los caninos en toda regla. Me fui volado a buscar a doña Laura Chichilla para hincarle el el colmillo, pero los cabrones monstrillo Arias habían puesto una red alrededor de la Presidenta (al viejillo de Rico lo tenían hecho un ovillo en un rincón de la habitación) un malla especiel caza vampiros. Lo malo es que los cabrones estaban bien pegados, a ambos lados, del cuello de Laurita, y todos muy felices en un aquelabre multiorgásmico pegaban unos gritos descomunales de placer y hasta hablaban en chino. Por fortuna pude soltarme y salir disparado por la ventana. Ya el viejillo Rico estaba todo cagado, vomitado y miado. Esa dantesca. Tan es así que ya colgué mis hábitos de chupasangre. Ahora voy a misa todos los días.

Buenos días,
Vampirín.

Luis Antonio Bedoya dijo...

Alexander,
Duele constatar que no hemos llegado más lejos del cristianismo. Cómo duele!! Quizás no podemos. Pero los que amamos? No podrán ellos, algún glorioso día?

Luis Antonio Bedoya dijo...

Vampírín,
No creo que debás perder tiempo en esa demanda tan erótica. De haber llegado más allá de la fotico, quizás otra cosa en mi post te habría podido conmover un tanto más que el absurdo cuello de la presidenta. Como sea, un saludo... y que viva la pertinencia!!!

Asterión dijo...

http://directorioblogscr.blogspot.com/2010/03/recomendaciones-de-blogs-2.html

Un abrazo

Brictom dijo...

Parece que nunca es suficiente y se nos ordena a poner la otra mejilla...